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dimanche, 29 novembre 2009

La clave, la funcion que EE.UU. da a sus bases en Colombia

La clave, la función que EE.UU. da a sus bases en Colombia

Los documentos del Pentágono se han ocultado para difundir sólo algunas reacciones. Chávez habla de guerra, Brasil propone un monitoreo internacional de la frontera, que Uribe se comprometa a limitar en Colombia a la Fuerza Aérea norteamericana… son distracciones intencionales del problema.

Los objetivos que persigue USA en Colombia están en “Estrategia suramericana. Libro Blanco, Comando de Movilidad Aérea (AMC)”, que se publicó en la página oficial del Comando Sur, y en un documento que el Departamento de la Fuerza Aérea envió al Congreso estadounidense. (1) No puede haber dudas sobre ellos.

En ese informe de la Fuerza Aérea de Estados Unidos se afirma:


La base militar de Palanquero en Colombia “garantiza la oportunidad para conducir operaciones… por toda América del Sur”. Palanquero “nos da una oportunidad única para las operaciones de espectro completo en una subregión crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y estabilidad están bajo amenaza constante de las insurgencias … (y) los gobiernos anti-estadounidenses… “. “Su ubicación central está dentro del alcance de las áreas de operaciones… en la región… La intención es… mejorar la capacidad de EE.UU. para responder rápidamente a una crisis y asegurar el acceso regional y la presencia estadounidense… Palanquero ayuda con la misión de movilidad porque garantiza el acceso a todo el continente de Sudamérica con la excepción del Cabo de Hornos…”… “… también incrementará nuestra capacidad para conducir operaciones de Inteligencia, Espionaje y Reconocimiento … y aumentará nuestras capacidades de realizar una guerra expedita.”

Estos objetivos regionales se encuadran en su estrategia de imperio global. “El Secretario de la Defensa (Donald Rumsfeld) postuló entonces (2002) que Estados Unidos debería sostener su proceso de transformación militar a partir de la premisa de que las guerras del Siglo XXI requerirían un incremento en las operaciones económicas, diplomáticas, financieras, policiacas e inteligencia, al igual que en operaciones militares abiertas y encubiertas;… la formación de alianzas donde la misión a llevar a cabo debe ser la que en última instancia determine la formación de la misma; el desarrollo de acciones preventivas, llevando la guerra hasta donde se encuentre el enemigo; llevar a la percepción del enemigo que Estados Unidos está dispuesto a utilizar cualquier medio o fin para derrotarlo…; la importancia que juegan las operaciones de tierra y el incremento en las campañas aéreas; y finalmente, informar al país lo que Estados Unidos hace.” (2)

Siguiendo esa política informada, Estados Unidos realiza sus operaciones de espectro completo en Sudamérica. La instalación de siete bases en Colombia; la negociación de bases en Panamá; la campaña de desprestigio contra el presidente Chávez; el apoyo diplomático, económico, militar, mediático a los golpistas de Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Honduras; el financiamiento a los partidos opositores en los países del ALBA; el bloqueo e intento de desestabilización a Cuba; la participación en golpes de estado que blanquea después con elecciones manipuladas, como estaba planificado en Venezuela en el golpe del 2002 y se prepara ahora en Honduras; la infiltración de paramilitares colombianos en Venezuela; la alianza con políticos narcoparamilitares…

Esta finalidad evidente es denunciada con fuerza por determinados gobiernos latinoamericanos.
El presidente Chavéz es muy claro. Las bases representan una amenaza para toda la región y directamente para Venezuela. “Esas son bases de inteligencia, en primer lugar de espionaje, desde las cuales se van a planificar invasiones, bombardeos, se van a planificar actos de guerra en nuestras propias narices, ellos van a planificar aquí, al lado, cómo bombardearían Caracas, cómo lanzarían sus bombas sobre puntos neurálgicos venezolanos, sobre las refinerías, sobre las líneas de transmisión eléctricas (…) sobre la represa del Guri, sobre los puestos de mando de la Fuerza Armada, ellos van a planificar la manera cómo aspirarían a neutralizar nuestros aviones de combate”, advirtió y llamó a militares y civiles a prepararse para una guerra.

El presidente Evo Morales rechaza las bases del imperio en Colombia porque dice son para controlar, derribar gobiernos democráticos y saquear los recursos naturales de Latinoamérica. En Bolivia las reservas para 150 años de gas, de hierro para 85 años y quizás el litio. Ante el peligro Morales ordenó la compra de armas en Rusia.

El presidente Daniel Ortega de Nicaragua sostiene que las bases son enclaves de guerra que amenazan a todos los pueblos del continente. Recordó que la norteamericana en Palmerola, Honduras, les sirvió para hacerle la guerra a Nicaragua en los años 80, la base que usaron para el secuestro del presidente Manuel Zelaya.

Fidel Castro escribe que el acuerdo firmado por Uribe equivale a la anexión de Colombia a Estados Unidos, es una amenaza para los países de Centro y Sudamérica y pretende enviar a los colombianos a luchar contra sus hermanos bolivarianos y del ALBA.

Ecuador y Brasil en cambio no consideran los documentos oficiales norteamericanos.

El Parlamento de Ecuador rechaza las bases pero débilmente pide a USA la garantía de no utilizar sus fuerzas contra otras naciones de la región. Su ministro de defensa, titular del Consejo de Defensa de Unasur, quiere que este organismo insista en pedir una cumbre con Obama para que explique la presencia de sus tropas en las siete bases.

El presidente de Brasil declara que confía en la palabra de Uribe y Obama si queda garantizado que las operaciones de las bases son para cuidar sólo problemas internos de Colombia.

Otros gobiernos regionales más bien prefieren guardar silencio.

La gente que maneja el poder en Estados Unidos sabe que la crisis estructural del capitalismo significará el derrumbe del orden actual y se prepara para controlar en su provecho los recursos de la Tierra. Las siete bases son parte de ese objetivo.

Pero la historia no se detiene y hay gobiernos y pueblos dispuestos a oponerse, como lo hacen hoy fuera de la región los iraquíes, afganos, pakistaníes, palestinos, iraníes, para construir de otro modo el mundo.

Rómulo Pardo Silva

Notas
1 Programa de Construcción Militar. Año Fiscal 2010. Presupuesto. Datos de Justificación entregados al Congreso. Mayo 2009. Ver Eva Golinger http://www.centrodealerta.org/documentos_desclasificados/traduccion_del_documento_de.pdf
2 Ver Alejandro Torres Rivera http://www.rebelion.org/noticia.php?id=95210

Extraído de Mal Publicados.

~ por LaBanderaNegra en Noviembre 18, 2009.

Kapitalistische Amokfahrt

capitalistes.jpgKapitalistische Amokfahrt

Claus WOLFSCHLAG - Ex: http://www.sezession.de/

Die neue schwarz-gelbe Bundesregierung scheint nur noch ein Allheilmittel gegen den Zusammenbruch der Staatsfinanzen und des sozialen Sicherungssystems zu kennen: „Wachstum“. Er sei die beste Antwort auf die Belastung der Haushalte und Sozialversicherungen. Nicht anders dachte und argumentierte die schwarz-rote Regierung.

Wie an einen Strohhalm klammern sie sich alle an die Hoffnung, dass bald die Konjunktur anspringe und dann alles wieder so werde wie zuvor in 60 Jahren Bundesrepublik. Man muß kein Wirtschaftsexperte sein, um skeptisch zu sein. Ökonomen haben vorgerechnet, dass das anvisierte Wachstum für einige Jahre stramme chinesische Raten von 7 Prozent betragen müßte, um überhaupt einen nennenswert schuldentilgenden Effekt erreichen zu können. Die gegenwärtige Politik grenzt angesichts solcher Zahlen an Illusionismus und ist eine Amokfahrt. Und von analytischen Köpfen wie dem Neomarxisten Robert Kurz wird denn auch die gegenwärtige Ruhe als Scheinerholung charakterisiert. Die Krise sei keine konjunkturelle, sondern eine strukturelle des Kapitalismus.

Zu den Schattenseiten unseres Wirtschaftssystems gehört die Okkupation des Denkens, etwa wenn die Lebensqualität mit der Anhäufung materieller Güter gleichgesetzt wird. Der Vermehrung materiellen Reichtums steht nämlich eine erschreckende Verarmung auf anderen Feldern gegenüber. Die Schattenseiten sind dem System strukturimmanent. Der durch die Zinsvergabe in Gang gesetzte Zwang zum Wachstum zwingt innerhalb der Betriebe zu ständigen Innovationen und Rationalisierungen. Das heißt:

- es muß immer mehr produziert und erwirtschaftet werden, um die Investitionskosten und bedrohlichen Zinsen abzubezahlen und zugleich einen eigenen Ertrag erwirtschaften zu können. Dadurch wachsen aber auch die Müllberge;
- es muß immer mehr Altes vernichtet werden, um für vermarktbares Neues Platz zu schaffen. Das kann man beispielsweise bei den Flächenabrissen chinesischer Altstädte sehen, die durch riesige Trabantenstädte ersetzt werden. Grundbesitzer, Architekten, Politiker und Bauspekulanten reichen sich die Hände;
- es müssen stets Arbeitnehmer wegrationalisiert werden, um die Produktionskosten zu verringern. Dadurch wächst aber auch das Heer derjenigen, die sich nicht mehr selbständig ernähren können.
- Das Neue ist die heilige Kuh. Neue Produkte schaffen den Wachstum, den der Kapitalismus braucht. Das Bedürfnis für dieses Neue mußn bei den möglichen Kunden erst geweckt werden. Die Werbeindustrie produziert Images von Waren, über deren Konsum man scheinbar „Anerkennung“ oder „Liebe“ erhalten würde, und verstopft mit Filmclips, Pop-Ups, Flugzetteln oder Großplakaten Augen und Ohren der Menschen.

Der Kapitalismus ist also wie ein immer heißer laufender Motor, den man nicht abstellen kann. Und dieser Motor verschlingt auch alles, was in den Jahrhunderten vor ihm an Tradition gewachsen ist, da nunmehr nur noch Preis und Ertrag zählen. Menschen werden über Kontinente verschoben, weil sie billiges Arbeitsmaterial darstellen (das wird dann werbetechnisch als „multikulturelle Bereicherung“ verkauft). Alte Baukunst wird durch moderne Standardware ersetzt.

Das war übrigens ja die Ursache des Siegeszuges der Bauhaus-Moderne. Sie war kostengünstig herstellbar, normierbar, global einsetzbar. Fernsehsender liefern der Jugend den letzten Schund, wenn dies nur den nötigen Profit verspricht. Der Motor dieser kapitalistischen Wirtschaft ist, bei aller materieller Erfolgsgeschichte, ein gewaltiges kulturelles Zerstörungswerk.

Alles ist diesem Wahn nach Wachstum, der Gier nach dem „Immer mehr“ unterworfen. Gleichwohl, alles hat ein Ende. Auch wenn der Kapitalismus suggeriert hat, er sei der ewige Endzustand der Geschichte, unterliegt auch er Verfallsprozessen. Und diese liegen gerade in der Überhitzung seiner Kredit- und Wachstumsspiralen.

Die Hoffnung auf Rettung durch die Impulse der neuen IT-Technologie seit den 1980er Jahren war trügerisch, da diese Innovation – anders als die Automobilbranche – erstmalig mehr Arbeitsplätze zum verschwinden brachte, als neue schaffte. Eine weitere, die Konjunktur nachhaltige belebende technische Innovation ist nicht in Sicht. Die Wirtschaftskrise wird also nicht mehr verschwinden, sondern uns fortan dauerhaft begleiten.

Wird der Kapitalismus überleben wollen, wird ihm langfristig wohl nur die Option bleiben, neuen Konsumbedarf zu schaffen. Die Konsumkraft der für den Warenverkehr geöffneten „zweiten“ und „dritten Welt“ wird kaum ausreichen, um dieses Dilemma zu verbessern. Der hiesige Staat wird sich zudem durch die Zerstörung der Sparvermögen seiner Mittelschichten zu entschulden versuchen, also mittels Inflation und eventueller Währungsreform.

Die Wirtschaft wird ohne die Zerstörung von Gütern also kaum wirklich starke Konsumanreize schaffen können. Dies aber würde in letzter Konsequenz heißen, daß wieder eine Situation geschaffen werden muß, die jener von 1945 nicht unähnlich wäre. Das heute noch unvorstellbare Bild eines Krieges, einschließlich massiver Zerstörungen, begleitet das schale Szenario jenes sich erneuernden Kapitalismus, der wie ein Phönix aus der Asche wieder auferstehen zu hofft. So könnten selbst asymetrische Bürgerkriegsszenarien von denjenigen, die heute von offenen Grenzen und gesteigerter Einwanderung billiger Arbeits- und Konsummigranten profitieren, mit Gelassenheit betrachtet werden, da sie später selbst daran noch zu verdienen hoffen.

Our Chief Industry: War

war_industry_.jpgOur Chief Industry: War

By Justin Raimondo / From: http://original.antiwar.com/

We often hear the complaint that America doesn’t make anything anymore: that is, our economy seems driven not by producing actual things, but utterly intangible creations such as credit default swaps and securitized sub-prime mortgages. Our once-bustling factories are rusted relics. Entire industries have collapsed. Ghost towns have sprung up where cities once thrived, like mushrooms sprouting in a cemetery. Baffled Americans, who – mistaking debt for wealth – thought they lived in the wealthiest country in the world, struggle to define what is happening. Old words like "correction," contraction," and "recession" give way to talk of a second Great Depression, and, in this context, the question "What does America make anymore?" is raised with renewed vigor.

While our factories have long since moved abroad, where wages are lower and regulation is lax, and our crippled industries are in Dr. Obama’s economic intensive care unit, on life support and awaiting last rites, America’s number-one export – representing, by far, our single largest capital investment – is our overseas military presence. What Chalmers Johnson referred to as our "empire of bases" is the framework of an international economic system in which the division of labor is roughly as follows: while Asia is the factory of the world, South America the farmland, and Europe increasingly a theme park/museum, the U.S. role is that of world gendarme.

What do you mean we don’t make anything? What about wars? We make plenty of those: Iraq, Afghanistan, and now Pakistan and perhaps Iran – the Globo-Cop business is booming.

Before the big crash of 2008, you’ll recall, in the glory days of the bubble years, our elites were all atwitter with a vague, glowing vision of the new economic reality, which touted the alleged benefits of "globalization." More than just the traditional free-market prescription of free trade, this concept envisioned extending the reach and influence of Western finance capital over the entire globe. At the end of this road – at "the end of history," as Francis Fukuyama famously put it – we would fall into the all-encompassing embrace of the emerging world state and live happily ever after.

This ever-upward-and-onward Panglossian view, which identified growing Western domination of the global economy with the march of progress itself, was the underlying rationale of an increasingly aggressive policy of U.S. military and political intervention worldwide. We said we were fighting for civilization as we bombed some of the oldest cities in Balkans, and when" humanitarian" interventionism gave way to a more Roman concept of America’s role in the world – the dividing line being, roughly, 9/11/01 – still we invoked the defense of universal values as the ultimate justification for occupation and mass murder. We unhesitatingly identified ourselves and our interests with the advent of modernity and took up the old Kiplingesque burden of empire with alacrity.

This kind of hubris, however, has since gone out of fashion. The trauma of Iraq and an economic downturn have tamped down our crusading fever; a new appeal is needed in order to buttress the global economic and political order our ruling elites once thought they had in their grasp. At a time when the whole rationale for our endless "war on terrorism" is being challenged, a more pragmatic course is called for.

As Republicans resist the extensive new social programs advanced by the Obama administration, including healthcare as yet another entitlement, and popular awareness of the national debt reaches new heights of anxiety, there is one way out: more spending on the military. Here is a measure the thoroughly neoconized Republicans can support wholeheartedly – especially if the money is being spent in their districts. This satisfies White House strategists, who seek a way out of a growing political impasse, and also the economic gurus at Obama’s ear, who believe government spending can create new jobs and kick-start the economy.

These economic geniuses are the latter-day followers of John Maynard Keynes, an economist who believed we could end unemployment and fight our way out of economic malaise by having the government hire workers to dig ditches and then fill them back up again. They didn’t necessarily have to produce anything of value, as long as they went through the motions. All government has to do is "prime the pump," and this will set in motion a process ending in full employment. You can build hospitals or pyramids, it doesn’t matter; military spending will do. In this scenario, we are back to when James Baker was asked to justify the first Gulf war, and he replied, "Jobs, jobs, jobs."

Anything to rev the "economic engine" and otherwise conflate an overused metaphor with a rather more complex reality.

The Obama administration, the Federal Reserve, and the titans of Big Business and Big Labor all face a common problem: how to re-inflate the economic bubble that burst with such a loud bang last year. So far, nothing has worked. The more they pump the economy full of air – i.e., rapidly depreciating dollars – the faster it seems to deflate. The various "stimuli" applied to the patient seem to wear off quickly. The one politically feasible "solution" to this problem is bipartisan support for greatly increased military operations worldwide. What better stimulus than a foreign policy of perpetual war?

In the heyday of the American Imperium, the deal with our vassals was this: we provided a market for their cheap imports and agreed to keep trade barriers down – as long as they took our side and, in many cases, allowed a substantial U.S. military presence on their soil. Yet this system was unsustainable. The problem with having a worldwide empire, as Garet Garrett, the mid-20th-century conservative critic of globalism, put it, is that "everything goes out and nothing comes in."

What the American empire, at its height, aspired to was the creation of a de facto world state [.pdf], with Washington as its capital. What this nascent global government lacked, however, were the two essential items in any government’s toolbox:

(1) The power to levy taxes. Earlier empires exacted tribute from their vassals, but in the American empire the exact opposite principle holds sway: our vassals exact tribute from us, in the form of "foreign aid," including massive military aid.

(2) A central bank, in this case a world central bank, with the power to monetize government debt and re-inflate the economic bubble on a world scale, regulating and "fine-tuning" a fully globalized economy.

As it is, the whole system rests on massive U.S. government debt. In exchange for policing the globe and keeping the "peace," our rulers depend on foreigners buying U.S. debt securities. This is the Achilles heel of the American giant.

As we await Obama’s decision on how many fresh troops to send to the Afghan front, a grand compromise is in the making. Its terms will be as follows: the GOP, for ideological reasons, gives critical support to Obama’s foreign policy initiatives, particularly when it comes to Afghanistan and Pakistan, while the Democratic majority pushes through successive economic stimuli, including generous handouts to their various constituencies: Wall Street, the unions, and the growing underclass. The twin engines of the Keynesian perpetual motion machine will thus be kept whirring – until the bill comes due.

NOTES IN THE MARGIN

I’ve been contributing regularly to The Hill in the form of brief comments on "The Big Question" of the day. Yesterday’s topic: "Which issue will be more important to voters in 2010 – the deficit or jobs?" Here is my answer.

Read more by Justin Raimondo


Article printed from Antiwar.com Original: http://original.antiwar.com

URL to article: http://original.antiwar.com/justin/2009/11/17/our-chief-industry-war/

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Laibach: "Was ist Kunst?"

ARCHIVES DE SYNERGIES EUROPEENNES - 1998

laibach_volk_tour_2007_banner.jpgLAIBACH: «Was ist Kunst?»

 

«Was ist Kunst?». L'éternel cri de guerre laibachien a de nouveau retenti depuis les majestueuses cîmes des Alpes slo­vènes, et inondé la vieille Europe de son écho puissant. En 56 minutes d'un terrifiant martèlement dodéca-wagnérien, les ténors du Neue Slowenische Kunst  lèvent enfin le voile qui depuis 1980 dissimulait leurs réelles intentions artistico-poli­tiques et nous révèlent le pourquoi de ce qui fut dès l'origine la source même de la polémique, le dérangeant porte-drapeau de leurs ambitions, leur nom: LAIBACH.

 

Au milieu de l'année 1983, les autorités politiques de la République de Slovénie, composante de la fédération yougoslave, ont recours à la loi pour prévenir toute apparition en public des provocateurs de LAIBACH. La Gazette Officielle de la République Socialiste de Slovénie, à la demande du SML (Assemblée Municipale de Ljubljana) et du tout-puissant MK SZDL (Alliance Socialiste des Travailleurs Slovènes), promulgue dans son numéro 3/79 l'interdiction pure et simple du nom de scène du groupe, au titre d'une distorsion du nom Ljubljana (ndlr: en fait “Laibach” estle nom allemand de “Ljubljana”). Peu de temps après, le journaliste Klaus Marck interrogea le porte-drapeau du groupe sur le choix d'un tel titre: «Un nom signifie la réification de l'idée au niveau énigmatique du symbole cognitif». Le nom de LAIBACH fut mentionné pour la première fois en 1144, conjointement à celui de Ljubljana, la ville au bord de la rivière, terme repris ensuite au ratta­chement de la Slovénie à l'Empire austro-hongrois puis, après 1943 et la capitulation de l'Italie fasciste, à l'annexion de la région par le IIIième Reich. Cette période vit nazis, belogardistes (Garde Blanche) et partisans titistes s'affronter avec une rage que sont venues nous rappeler ces dernières années les images de la guerre yougoslave. En 1980, dans la cité monta­gnarde et sidérurgique de Trbovlje, un quintet d'artistes résolument novateurs et provocants adopta ce nom pour la création d'une formation artistique et idéologique systématiquement politisée, afin de définitivement marquer la victoire de l'idéologie sur l'activité artistique. «Dans ce sens, le nom résume l'horreur de la communion entre le totalitarisme et l'aliénation géné­rée par la production sous forme d'esclavage».

 

Une formation artistique et idéologique systématiquement politisée

 

«En Slovénie, qui en tant que nation, naquit de son incessante lutte contre les allemands, avec les teutons (pas seulement les nazis), l'acte même de prendre pour nom de groupe Laibach est ignominieux en soi; il est impossible d'imaginer geste dadaïste plus réussi. Le nom de ce groupe est leur invention la plus réussie» (Taras Kermauner, Nova revija, 13/14, 1983). «Est-il possible que quelqu'un ait permis, ici à Ljubljana, la ville du premier héros de Yougoslavie (ndlr: Tito), à un jeune groupe de prendre un nom aussi douloureux pour les mémoires que celui de Laibach, demandait déjà le 5 mai 1982 ma­dame Marica Cepe depuis Delo aux autorités du pays. De fait, LAIBACH fut interdit de toute prestation scénique sous ce titre.

 

Qu'à cela ne tienne, et les membres du groupe désormais anonyme décidèrent de contourner les autorités en décembre 1984 par la tenue d'un concert incognito à Ljubljana en commémoration du suicide d'un membre du groupe «In Memoriam Tomaz Hostnik», chanteur initial du combo mort en 1982. Pour parer à toute interdiction, les affiches ne mentionnèrent nulle part le titre du groupe. Toute référence fut réduite à la suprématiste, abstraite et très énigmatique croix asymétrique de Malévitch, qui allait devenir l'emblème de LAIBACH. Seules figuraient au bas des pancartes les initiales de la salle, Malci Belic, la date et l'heure, 21 décembre à 21 heures. Et si les radios locales évitèrent soigneusement de prononcer le nom in­fâme, le public sut déchiffrer le message, qui vint en masse assister au concert qui n'eut jamais lieu. Le succès fut total, la réputation artistique du groupe garantie. La répression politique n'avait fait qu'assurer le tremplin idéal à la promotion du jeune groupe.Il fallut toutefois attendre le 17 février 1987 pour que LAIBACH puisse enfin jouer à Ljubljana sous son vrai nom. A cette occasion, son porte-parole devait dire à la presse: «Notre nom est peut-être sale, mais nous sommes propres».

 

Ce CD est donc d'abord un document sur lequel les inconditionnels du groupe se jetteront avec avidité, amateurs éclairés qui sauront apprécier à sa juste valeur l'intérêt que présente cet enregistrement pirate composé des quatre principaux titres improvisés à Ljubljana, et agrémenté de deux morceaux joués à Zagreb et deux au Festival Atonal de Berlin, cela à la même époque. En neuf compositions bruitistes, aux rythmes industriels bruts tempérés par d'étonnantes touches de jazz, LAIBACH nous assène un déchaînement de sonorités métalliques organisé en une longue symphonie sidérurgique et arti­cule autour d'une idée centrale, le procès du XXième siècle et de la Slovénie titiste.

 

«Notre nom est peut-être sale, mais nous sommes propres»

 

De «Sodba Veka» (Le jugement du Siècle) à «Sredi Bojev» (Au milieu des Combats), en passant par «Ti Ki Izzivas» (Toi, qui défies), la violence se fait animale, les tambours martèlent la cadence syncopée sous les attaques des cuivres et les assauts répétés des violons désaccordés. Les notes se font criardes sur fond d'orgues ténébreux. Dans «Sika» (La Force), le texte, murmure sur la déferlante effrénée des peaux maltraitées, s'efface devant l'élan des trompettes glorieuses. La ca­cophonie, «Musique de fosse» (Ico Vidmar), s'installe dans les bruits d'usine, le claquement des portes métalliques, le crissement des chaînes. L'industrie, monstre déshumanisant, a englouti le XXième siècle dans sa gueule béante. Les en­clumes sont frappées avec une violence inouïe, les cuivres s'abîment dans les longs grincements disharmonieux qui écra­sent les tympans. Le monde moderne a engendré la guerre totale, la mobilisation systématique des masses. Sur un bruit de pellicule de film, les tambours règlent le pas de la Garde qui monte à l'abattoir, les pulsations s'accélèrent, la peur s'insinue dans les chairs, le souffle se fait rapide, la bataille fait rage... Miel, sang et or, les nappes de synthé entament l'oraison fu­nèbre des foules sacrifiées. Le cri monstrueux de la bête traquée se mue en brame du cerf, arbre de vie, fécondité, guide vers la lumière, éternel retour. C'est Nova Akropola (Nouvelle Acropole), quand le jour se lève sur la plaine en cendres. Les ombres des guerriers disparus se relèvent, les regards extatiques convergent maintenant vers l'Acropole nouvelle. Sous le grondement d'un ciel incertain, les nouvelles lois sont scandées: Compagna! Compagna dei maccella! Eja, eja, alala! et le Fiume de d'Annunzio est ressuscité. Sous les acclamations du public, quatre discours du Maréchal Tito viennent rappeler les blessures yougoslaves, sa foi dans l'avenir, sa défense de la paix, l'orgueil de son indépendance, son nationa­lisme généreux: «A l'Est comme à l'Ouest, il doit être bien clair que nous continuerons à nous situer sur la scène étrangère comme nous le faisons depuis 1948. A savoir que nous avons notre voie propre, que nous dirons toujours bravement ce qui d'un côté est juste et ce qui ne l'est pas, ce qui de l'autre est juste et ne l'est pas». Que la paix règne dans l'harmonie recou­vrée. A une courte plage symphonique reposante pour nos oreilles déchirées (Dokumenti II) suit en cascade l'orage strident des bruits d'usine, le monde est à reconstruire éternellement. L'Europe reprend sa dynamique perpétuelle (Dokumenti III, IV), les claviers viennois et la pluie sur les toits se fondent. Au loin se fait entendre l'orage sur les crêtes alpines. Le temps peut de nouveau s'écouler, les peuples s'éveiller... Toujours, majestueux, le cerf sera là.

 

Le renouveau culturel identitaire, base des futures révolutions politiques

 

Imagerie partisane, agit-prop, projection de chasse au cerf, chants de guerre, la révolution à construire, groupe paradant en costumes de miliciens, écran frappé de l'imposante croix, les spectateurs furent soumis à un des concerts les plus courts de LAIBACH, brutal, tranchant, assourdissant, intuitif et anarchique. «Le paradoxe de ce concert, qui officiellement n'eut ja­mais lieu, est qu'il donna au public slovène une des meilleures improvisations qui fut jamais jouée par des musiciens slo­vènes, écrira Ico Vidmar, les constructions sonores provoquent plus que jamais des vibrations du diaphragme, paralysent les oreilles, et terrorisent noblement l'esprit» (Gorazd Suhadolnik).

 

laibachsympathydevil.jpgD'inspiration authentiquement totalitaire et avant-gardiste, ce concert devait durablement marquer les critiques slovènes, et asseoir la notoriété laibachienne. Sa contribution artistique au renouveau culturel slovène allait préparer les esprits à l'inéluctable et indubitablement favoriser le réveil de la petite république. Bientôt la Yougoslavie imploserait, débandade ini­tiée par Ljubljana, qui déclarerait son indépendance le 2 juillet 1990: «L'esthétique nationaliste romantique est une phobie du service culturel progressiste. LAIBACH est organiquement lié à son environnement natal et entretient jalousement un lien instinctif avec la nation slovène et son passé, tout en étant constamment conscient de son rôle dans le polygone culturel et politique de la Slovénie» (entretien paru en 1986 pour la revue HHT). Une fois supplémentaire, le renouveau culturel identi­taire allait préparer et jeter les bases des futures révolutions politiques.

 

M.B. December 21,1984 (NSK 3-Mute) trouvera aisément sa place parmi les Rekapitulation 80-84 (Walter Ulbricht Schallfolien), Ljubljana-Beograd-Zagreb (NSK l-Mute) et autre Through the Occupied Netherlands (Staaltape) qui résument au mieux la première période bruitiste du concept LAIBACH et établissent les bases éthiques et musicales de son œuvre prolifique.

 

Laurent SCHANG.

 

 

00:05 Publié dans Musique | Lien permanent | Commentaires (2) | Tags : musique, slovénie, totalitarisme, art | |  del.icio.us | | Digg! Digg |  Facebook