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vendredi, 16 février 2018

Bulletin célinien n°404 (février 2018)

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Bulletin célinien n°404 (février 2018)

Sommaire : 

Une réédition censurée

Ce qu’en pense la traductrice israélienne de Céline

Ce qu’en pense Marc-Édouard Nabe

Polémique pour une autre fois

Rééditer les pamphlets ? C’est déjà fait !

Céline sur les planches.

Une occasion manquée

BCfev18.jpgDe l’utilité du conditionnel. Dans le Bulletin de janvier, j’aurais dû écrire : « les pamphlets pourraient être réédités par les éditions Gallimard ». Ce numéro fut envoyé aux abonnés le 10 janvier. Le lendemain même, on apprenait qu’Antoine Gallimard jetait l’éponge. C’était à prévoir: les pressions en tous genres furent trop fortes. Dans ce numéro, je rappelle la chronologie des évènements. Ce qui est navrant, c’est qu’en faisant preuve de discrétion, ce naufrage aurait sans doute pu être évité. Il est à relever que l’échéance de mai 2018 circula dans la presse comme date de sortie du volume. Sans doute parce qu’il s’agissait initialement de reprendre tel quel l’appareil critique de l’édition “canadienne” et d’y adjoindre seulement une préface de Pierre Assouline. Certes Sollers commit une indiscrétion en annonçant durant l’été cette réédition. Mais cette confidence n’eut aucun écho car diffusée sur un site internet confidentiel. Lorsque l’information fut reprise sur celui d’un mensuel, il en alla tout autrement. La nouvelle se répandit comme une traînée de poudre et les groupes de pression se mirent en branle avec le succès que l’on sait.

Tout se serait donc passé autrement si le projet n’avait pas été ébruité. Il aurait fallu simplement veiller à ce qu’il n’y ait aucune fuite. Un fort volume serait sorti dans les “Cahiers de la Nrf” ou dans une autre collection et les opposants eussent été mis devant le fait accompli. Au lieu de cela les groupes de pression ont largement eu le temps de s’organiser, de se concerter et finalement d’empêcher que ce projet éditorial aboutisse. Cette affaire a permis, par ailleurs, d’observer de multiples divisions. Ainsi, au sein du CRIF, plusieurs militants étaient partisans d’une réédition encadrée par un collectif d’historiens alors que le président de cette organisation, après avoir hésité, s’est finalement rallié à la position de Klarsfeld.

Les historiens eux-mêmes n’étaient pas d’accord entre eux : Taguieff fit circuler un appel favorable à une réédition contrôlée par eux (appel signé notamment par Laurent Joly, Grégoire Kaufmann, Annette Becker et Odile Roynette) alors qu’un autre collectif d’historiens (Alya Aglan, Tal Bruttman, Éric Fournier, André Loez) se déclarait, lui, partisan de l’interdiction. Du côté politique, même chose: si le Premier Ministre était pour, plusieurs députés (Alexis Corbière mais aussi plusieurs élus de la majorité) étaient hostiles. Même division dans le milieu littéraire : les uns (Moix, Sansal, Jourde, Millet  et Maulin)  estimaient cette édition utile,  alors que les autres (Modiano, Angot, Ernaux et même Vitoux)  y étaient opposés. Une fois encore, Céline a suscité post-mortem un joli barouf, ce qui est somme toute très célinien.

Un esprit libre comme Philippe Bilger a su poser le problème en termes pertinents : « Derrière ces joutes aussi bien intellectuelles que politiques, prônant l’emprise d’un passé tragique sur le présent ou un présent libre mais non oublieux, il y a toujours la même hantise, la même crainte, presque le même mépris. À quel titre prétend-on se mêler de ce qui regarde le citoyen, le lecteur, de son choix et de son intelligence ? (…) N’aurait-il pas été concevable, convenable de rééditer ces textes et de laisser tous ceux qui admirent Céline pour partie ou pour le tout, qui le détestent pour le tout ou pour partie ou qui sont tout simplement curieux de l’ensemble se forger leur opinion, élaborer leur conviction et prendre un parti ? Faut-il donc toujours les prévenir, les alerter, les dissuader, leur enjoindre, les priver AVANT au lieu de les laisser lire, vivre ? » ¹. On peut raisonnablement penser que les lecteurs du Bulletin partagent cette opinion.

  1. Philippe Bilger, « Pour Céline tout entier ! », Justice au Singulier, 4 janvier 2018 [http://www.philippebilger.com]

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Nuestra Edad Dorada de la Filosofía Española

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Carlos X. Blanco:
Nuestra Edad Dorada de la Filosofía Española

Ex: https://latribunadelpaisvasco.com

Suele repetirse de manera obstinada que "España no es un país filosófico". Yo mismo me he sorprendido soltando tal lugar común en las aulas. Ciertamente, la filosofía moderna, la que se cultiva desde el siglo XVII, es una filosofía que viene envuelta en banderas e idiomas nacionales. La propia concepción de la Modernidad incluye la existencia de "naciones". No tiene mucho sentido hablar de un pensador escolástico medieval en términos nacionales. El gran Santo Tomás era "italiano" en un sentido muy atenuado del término. En el siglo XIII, se era más católico que "italiano" en cuestión filosófica y teológica. En cambio, otro escolástico, muy nuestro, como lo fue el Padre Suárez (1548-1617), ya era, además de católico (vale decir, "universal"), español en el sentido más moderno del término. La filosofía moderna se desprenderá paulatinamente del latín –lengua universalista- e irá conformándose como una filosofía no escolástica, hecha bajo banderas nacionales, precisamente por medio del empleo de las grandes lenguas nacionales: el empirismo de los británicos (Locke, Berkeley, Hume), el racionalismo de los franceses (Descartes, Malebranche) o el idealismo de los alemanes (Leibniz, Kant, etc.).

El latín oficial de la Academia no desaparecerá hasta muy tarde, pero será simultaneado por las grandes lenguas vernáculas de Europa, lenguas cuya estructura y léxico darán forma específica al saber filosófico moderno de las distintas patrias, saber muy distinto ya del griego antiguo, pero siempre deudor de éste.


Y he aquí que por encima de la Filosofía española sigue actuando una suerte de "leyenda negra", que yo mismo me he creído en tiempos y que es preciso, cuando menos, matizar. Dicha leyenda dice, más o menos así: "España, pueblo de curas y soldados, es congénitamente incapaz para el pensamiento. En vez de Filosofía, floreció en ella la Teología, y de entre ésta, la más reaccionaria. Y el fanatismo de los frailes hispanos es hermano del de sus guerreros, que por no tomar la azada tomaban la espada, y regaban con sangre los campos que no sabían o no querían labrar". Sea caricatura extrema o no, esta es la idea que los propios profesores de filosofía modernos y de nuestra misma nacionalidad han ido introduciendo en las aulas, acomplejados ellos. De mis tiempos estudiantiles conocí, como tantos, esas labores de "agentes de importación" que muchos docentes de la filosofía han aprovechado. Igual que los bazares orientales nos introducen a precio de euro las más variadas baratijas fabricadas en ultramar, hundiendo nuestra propia industria, los filósofos "analíticos" nos importaban baratijas anglosajonas y wittgensteinianas. Desde Francia o desde la extinta URSS venían numerosas gangas marxistas. Desde el propio París, curia y sede de la gauche divine, venían las herejías neomarxistas y postmodernas, hermenéuticas o estructuralistas. Antes de todo eso, el propio Ortega, conocedor del alemán y de la filosofía centroeuropea, empezó su labor de agente de importación, impagable, con lo mejor de cuanto allí se hacía (idealismo, fenomenología, Spengler, vitalismo). No quiero decir que la labor de importador y traductor de filosofías extranjeras no sea necesaria, pero veo claro que lo que en tiempos de Ortega era una necesidad apremiante, a fines del siglo XX ya sólo era indicio de provincianismo y complejo hispánico de inferioridad.


gustavo-bueno.jpgPorque a fines del siglo XX España podía presumir de poseer su propia tradición filosófica. Y no lo queríamos ver. Desde sus aulas de Oviedo yo tuve el privilegio de aprender de don Gustavo Bueno que la lengua castellana era tan buena como la que más, buena para el cultivo de la filosofía. De mi maestro aprendí que había que rebajar ínfulas al predominio editorial y académico del inglés, del francés o del alemán.

España no tiene por qué resignarse a ser colonia de nadie, tampoco en Filosofía. Ahora bien, de una forma aún más explícita, otro antiguo profesor mío, cuya obra sigo atentamente, hablo de don Manuel Fernández Lorenzo, lleva ya unos años diciendo algo todavía más importante, algo que no quiere ser atendido en esta acomplejada "piel de toro". No sólo el país y la lengua común española tienen condiciones y posibilidades sobradas para hacer buena filosofía, como nos decía Bueno. Es que esa filosofía durante el siglo XX ya ha sido hecha, y ha sido hecha a la altura de las grandes filosofías sistemáticas nacionales de esta época. Fernández Lorenzo se remonta a Unamuno y su pensamiento vitalista, pero mucho más al raciovitalismo de Ortega y Gasset, como autores que inauguraron un nuevo estilo anti-escolástico (contrario al escolástico, estilo del que Jaime Balmes, en el s. XIX sería el último, pero ya muy "moderno" representante).

Tras la muerte de Ortega, la segunda mitad del siglo contó con buenas figuras académicas en el campo –menos original- de la traducción y adaptación de corrientes extranjeras. Pero la verdadera filosofía original y española de raíz, existió y brilló con luz propia. Son imponentes las obras de autores como Gustavo Bueno o Eugenio Trías. En el primer caso me consta, por la prensa y por testimonios personales, que hay mucho material inédito pero, con sólo la ingente cantidad de libros y textos publicados, ya se puede hablar de una monumental aportación a la filosofía sistemática. Su Teoría del cierre Categorial, su Ontología, su filosofía política y de la religión… darán materia de estudio y revisión para largas décadas. Frente al "ensayismo" de Unamuno y Ortega, en Bueno hallamos un portento de sistematismo filosófico si bien, como ocurre con las catedrales medievales, hay partes hipertróficas y otras de muy menguado desarrollo, a mi modesto parecer.


trias.jpgEn el caso de Trías, y su "filosofía del límite" también contamos con una expresión del quehacer filosófico español de gran calidad, de enorme altura, aunque muy distinta de la obra buenista en formato, lenguaje y preocupaciones si la comparamos con la obra de Bueno. Triunfa el Arte y la Metáfora como recursos y temas en el pensador barcelonés, mientras que la Lógica y la Ciencia son ineludibles en el ovetense. Pero, como no hay espacio ni ocasión para analizar a estos dos gigantes, no quiero cerrar mi reflexión, sin conducir la mirada del lector hacia el tercer sistema filosófico que ahora, muy acallado por los medios, viene lanzando a la palestra hispana el profesor Fernández Lorenzo.

Uno de los nombres que él mismo ha dado a su criatura es éste: "Pensamiento Hábil". Partiendo de una interpretación heterodoxa del materialismo filosófico de Bueno, y corrigiendo el error de considerar que éste sistema filosófico gestado en Oviedo sea (y tenga que ser) un materialismo, don Manuel pone el énfasis de su sistema en la capacidad operatoria manual del sujeto. Retomando las tradiciones espiritualistas y vitalistas que hacen del "hábito" la base desde la cual erigir un sistema filosófico, pasando por la filosofía como saber estricto (Fichte, Husserl) y positivo (Comte, Schelling, Piaget), este profesor de la Universidad de Oviedo remueve los prejuicios metafísicos que todavía lastran el sistema de Bueno (escolásticos, wolffianos, marxistas) y anuncia un nuevo sistema –la Operatiología- sobre bases que parecen muy renovadoras.

Yo coincido con él en que España, pese a su tremenda decadencia moral y educativa, está viviendo una verdadera Edad de Oro filosófica. Este tipo de contradicciones ya las hemos vivido, y de resolverlas dependerá nuestra supervivencia como nación civilizada y civilizadora.

00:07 Publié dans Philosophie | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : philosophie, espagne | |  del.icio.us | | Digg! Digg |  Facebook