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samedi, 02 février 2019

Geopolítica, de la bipolaridad a la multilateralidad

Salvador González Briceño

Ex: http://www.elespiadigital.com 

La crisis de los poderes mundiales de la posguerra fría, como base de la geopolítica crítica: SGB

La geopolítica mutó, para bien, porque perdió su carácter imperialista cuando que se le terminó el piso de la bipolaridad en la posguerra fría. Como método para entender el mundo desde las potencias, la geopolítica se abrió paso proponiendo conocer de la importancia de la geografía, física y humana, de la política y los estados en las relaciones internacionales. Es decir, en las relaciones de poder.

La geopolítica surgió en 1900 cuando el primer pensador, Rudolf Kjellén, la propuso en su libro Introducción a la geografía sueca. Pronto sería puesta a prueba durante las guerras mundiales del siglo XX, cuando las potencias se dieron a la guerra. Vendrían otros estrategas, como Mackinder y Haushofer entre otros, a complementar lo que luego se conocería como la geopolítica tradicional o clásica.

Luego entonces, la geopolítica fue adoptada desde los centros de poder mundial, para atender sus necesidades como países involucrados en la confrontación violenta, poniendo a prueba sus armamentos, su potencial, su estatus con respecto a lo demás, en aras del dominio del resto del mundo.

La geopolítica la utilizaron tanto la Alemania nazi de Hitler, como la Bretaña imperial de Churchill, la Francia de De Gaulle, los Estados Unidos de Roosevelt o la URSS de Stalin, con sus maquinarias de guerra más feroces de su tiempo, además que aceleraron sus industrias militares o la industria en su rama militar.

En los tiempos de la guerra entre las potencias desarrolladas —I Guerra Mundial y II Guerra Mundial—, se daba el tránsito del capitalismo al imperialismo, con ansias expansionistas de reparto territorial en amplias zonas de control probable, tanto de países enteros como de recursos naturales.

Adoptada y probada, la geopolítica salió bien librada. Mostró su utilidad a las potencias: primero a los países del frente de guerra —en sus modalidades como geopolítica anglosajona, renana y nipona—, luego durante la llamada guerra fría al término de la IIGM con la rendición de Japón tras el lanzamiento de las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki.

Luego vendría el derrumbe del Muro de Berlín y la caída de la URSS que significó la pérdida de rumbo del llamado “socialismo real”, que dio pie a la llamada posguerra fría. Aquello desde el punto de vista de las relaciones internacionales y los equilibrios que logró la bipolaridad.

Pero este esquema fue puesto en jaque frente a la aparente unipolaridad de Estados Unidos, toda vez que apareció como el vencedor universal. La vigencia de la geopolítica clásica comenzó a perder influencia y sentido, en tanto sus bases fueron removidas.

En lo que se dio el reacomodo de las propias potencias a nivel mundial bajo este nuevo paradigma, los geopolíticos tradicionales intentaron seguir con sus preceptos en tanto las mutaciones no terminaron de definirse.

Pero la influencia de la globalización con sus políticas neoliberales, terminó poniendo en duda su plena vigencia. Las relaciones internacionales cambiaron con el trastocamiento del orden anterior, y hacia fines del siglo XX con el cambio de procedimientos y las alteraciones que impactaron el orden internacional, como las afectaciones al Estado nacional y al derecho internacional.

Todo lo anterior derivó serias críticas para la geopolítica clásica. Los analistas cuestionaron el método de la geopolítica, y contribuyeron a crear un cambio de visión. De ahí, de los nuevos escenarios de la posguerra, surgió la geopolítica crítica.

Se trataba ya de la geopolítica como alternativa, en el contexto de un mundo que dejó de ser bipolar y se convertía a pasos agigantados al multipolar. Es decir, que ahora la geopolítica sirve también para colocar en el escaparate a los poderosos.

Sí, y para cuidarse de sus ambiciones, de sus intentos golpistas, de sus guerras híbridas, de sus estrategias futuristas de la moderna (que no posmodernidad o posmodernismo, cual postura ideológica para la perdición analítica, entre otras razones) ciberguerra, sus fake news, los golpes suaves, etcétera.

De ahí la necesaria visión multilateral y multidisciplinaria de la geopolítica crítica, como alternativa, ahora también para el resto del mundo. La geopolítica se volvió generalizada, para el estudio y puesta en práctica de políticas, por todos los países que no se quieran quedar atrás con respecto al resto.

Es por ello que los países, antes víctimas de la disputa entre potencias por sus riquezas naturales, hoy aprenden a cuidarse, a buscar alianzas estratégicas. Los países con recursos ahora saben —o por lo menos es su obligación y de alta prioridad saber—, que la geopolítica crítica es una alternativa que posee como característica principal cuidar de su potencial en general; por su ubicación geográfica y recursos, como sus mares, minería etcétera, en la vecindad con otros estados y para unas relaciones internacionales de equilibrio y respeto.

En otras palabras, desde la posguerra fría la geopolítica dejó de ser un instrumento solo al servicio de las grandes potencias, como los Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Europea, incluso de Rusia, China o la India. Hoy es útil para todos, en su modalidad como geopolítica crítica. Sin perder las bases del pasado, pero con un nuevo enfoque.

Fue en los años 90 en donde las relaciones internacionales fueron trastocadas, a partir de ahí otros países se abrieron a la disputa por un rol distinto, ajeno al sometimiento de la posguerra y lejos del dominio tradicional de las potencias, imperiales y violentas. Puesto que la globalización jaqueó el poder mismo de los otrora países poderosos.

Por eso, hoy no se habla solo de países, aislados, como de grupos de países que operan para contrapeso de los países hegemónicos. Las confrontaciones pasaron de la bipolaridad —EU vs Rusia—, a los contrapesos de la multipolaridad, con países emergentes como China, India o Irán, Irak o Corea del Norte.

Por eso la importancia de la geopolítica como herramienta hoy. Porque el análisis del poder mundial pasa ahora por la multilateralidad. Les guste o no aquellos pensadores de países siempre ganadores en el pasado, acostumbrados atropellar al resto.

Claro que subsisten todos los peligros de las guerras, incluso nucleares porque nadie ha renunciado a ellas —todo lo contrario—, se crean amenazas incluso mediante las noticias falsas, de campañas propagandísticas contra gobiernos no afines acusados de “terroristas”.

Bienvenida la Geopolítica Crítica —autores en la “periferia” sobran; muy importantes, por cierto—, herramienta útil para todos. El reto está en colocarla a la altura del análisis, en países como Latinoamérica y México. Más acá, con EUA, generador de invasiones y guerras en el mundo, como vecino.

mercredi, 17 mai 2017

Major Developments Strongly Suggest the End of Unipolar World Order

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Major Developments Strongly Suggest the End of Unipolar World Order

With Moon Jae-In’s victory in South Korea, the period of tension on the Korean Peninsula is likely to end. With the rise to power of the new president, South Korea can expect a sharp decline in hostilities with North Korea as well as a resumption of dialogue with China.

An expected and highly anticipated victory was confirmed in South Korea on May 9, with candidate Moon winning South Korea’s presidential race over his rivals Hong Joon-pyo (Liberty Korea Party) and Ahn Cheol-soo (People’s Party). After the resignation and arrest of former President Park Geun-hye over an immense corruption scandal, public opinion turned away from her party in favour of the main opposition representative, a center-left lawyer specializing in humanitarian issues.

Moon spent several years in the opposition party advocating for greater cooperation in the region and dialogue with Pyongyang as well as with Beijing, representing quite a contrast to Guen-Hye’s pro-Americanism. Along the lines of Duterte in the Philippines, Moon intends to resume dialogue with all partners in order not to limit his options in the international arena. Such an approach reflects the essence of the multipolar world order: cooperation and dialogue with all partners in order to achieve a win-win outcome.

Looking at the situation in the region, the victory of a politician who seems to have every intention of negotiating an agreement rather than supporting military escalation seems to provide for a hopeful future for China and her neighbors. The level of cooperation and trade between South Korea and China is fundamental to the economy of both countries, so a return to the negotiating table over the issues surrounding the deployment of THAAD are a hopeful sign that the business communities of China and South Korea value deeply.

Duterte Strategy

The United States is again faced with a Filipino-like scenario. Historically, South Korea and the Philippines have always been two fundamental US allies, more concerned with Washington’s interests than their own national political agendas. Over the last few decades, both countries have been governed by politicians careful not to upset the sensibilities of US policy makers. South Korea and the Philippines are at the heart of the political strategy Obama called the Asian Pivot, more explicitly, a policy aimed at containing China and its expansion as a regional hegemon in Asia.

Following the Trump administration’s focus and threats against North Korea in recent weeks, war has seemed more likely on the peninsula. But with Moon’s victory, it has probably been permanently excluded as a possibility. In several interviews weeks prior to the election, Moon stated that a war between the US and the North Korea would constitute an impossible burden for South Korea to sustain. Moon is very realistic about the conventional deterrence that North Korea possesses, maybe even more so than the nuclear development.

Even though Trump has said he is willing to meet with Kim Jong-un, most of his decisions seem to depend on the hawks surrounding him. Looking at the first hundred days of the Trump administration shows a remarkable departure from electoral promises, with the influence of generals he nominated, leading to various escalations in the hot regions of the world. Bottom line is, Trump’s intentions and words matter to a certain extent as US posture in the region seems to be guided by military generals and inner circle family members. Fortunately for the world, the tentative moves in Syria and Afghanistan have not amounted to much, such as with the bombing of the Shayrat airbase or the show in Afghanistan involving the MOAB.

THAAD to Divide

The deployment of the THAAD system continues as part of a belligerent attitude towards North Korea. The strong and firm rhetoric of Pyongyang is justified and not surprising given the context and the threats facing the country in wake of US provocations. The deployment of THAAD has had consequences, such as increasing tensions between South Korea and China. Moon’s victory goes contrary to the goal of the US policy-makers in Washington to isolate China. In this light, the hurried deployment of THAAD before the South Korean election obliged the probable winner, Moon, to be faced with an accomplished fact. This first step makes it clear what Washington’s attitude towards the new South Korean president will be.

The THAAD has also been deployed to antagonize the most frustrating point between Seoul and Beijing: North Korea. The measure was intentionally taken by Washington to pressure Seoul. THAAD has all the characteristics of a Trojan horse. Placed to reassure an ally (Seoul) against a fake-threat (Pyongyang), it becomes a weapon against China that puts in place a system, only a few hundred miles from its border, potentially able to affect China’s strategic nuclear forces. The US military accelerated the deployment of THAAD in the knowledge that this would immediately place the future president in a difficult situation, in that removing THAAD would not be easy in the face of huge American pressure. This may perhaps be Moon’s first challenge; to use the dismantling of THAAD as a means of exchange with Beijing to return to a normal relationship of co-operation. If Beijing wants to believe Moon’s goodwill in eliminating the THAAD system, it may begin to loosen some of the measures imposed on Seoul as retaliation for the deployment of the US system.

Multipolar world to the rescue

In this scenario, one must not make the mistake of believing that Moon’s victory means that a major US ally will cease its support for Washington. As always, in this era of transition from a unipolar to a multipolar world, the pressure that Washington will decide to apply to South Korea will affect the nature of the US-ROK alliance. The United States will have to abandon the warlike posture so dear to Mattis, McMaster and Admiral Harris (the commander of the US Pacific Fleet). In this Tillerson as a realist might be the right man at the right place to negotiate with Moon. Potentially it could be possible to solve the problem in whole by dealing with North Korea, although that seems unlikely given the pressures the deep state will put on the administration to continue using North Korea to create instability in the region.

This is why much of the region’s future will remain subordinated to potential negotiations between Beijing, Pyongyang and Seoul on the Korean peninsula, especially after Moon’s victory. If these three nations succeed in finding common ground on which to set upon a path of reconciliation, the region will benefit greatly. Of course, in this context, the one most likely to lose influence is the United States. If Washington wants to remain relevant, it should abandon the Chinese containment plan through the Korean peninsula by exploiting North Korean problems. If they instead decide to try to sabotage any peace agreement in the peninsula, this will only push Seoul and Pyongyang even closer together, to Beijing’s great pleasure.

Recent years have seen a mounting showdown between the old world order configuration based on chaos and destruction and led by Washington, and the new multipolar order that focuses on win-win opportunities, dialogue and sincere cooperation. If Washington decides not to accept the new rules of the game, where it can no longer dictate the law, it will end up producing more damage against itself than any foreign country could actually do, in actual fact accelerating the formation of the multipolar world and putting to bed the unipolar world order for good. 

samedi, 28 avril 2012

Pour les jeunes des Brics, «le monde bipolaire est fini»

Pour les jeunes des Brics, «le monde bipolaire est fini»

 

Les cercles de réflexion (think-tanks) regroupant des jeunes entrepreneurs se multiplient. Le phénomène grandit au sein des pays émergents où les leaders «de demain» veulent désormais s’inviter au partage de la croissance mondiale.

Ils sont jeunes, fourmillent d’idées, promis à un bel avenir professionnel et – surtout – refusent de se voir léguer un monde en ruine. La crise qui balaie les économies occidentales depuis quatre ans et bouleverse les équilibres mondiaux entraîne une résurgence de l’activisme chez les jeunes entrepreneurs. Aux côtés des think-tanks institutionnels – Davos ou autres Cercles d’économistes – les forums regroupant les jeunes leaders «de demain» se multiplient sur la planète. Et, fait nouveau, ces jeunes veulent désormais se faire entendre de leurs aînés.L’un des plus anciens forums, le Symposium de St Gallen se réunira pour la 42e fois, en Suisse, les 3 et 4 mai prochain. 200 jeunes entrepreneurs, enseignants ou élèves confronteront leurs idées pour «faire face aux risques» menaçant la planète, sous le regard de 600 responsables d’entreprise ou hauts fonctionnaires, parmi lesquels quelques «guest stars» – Josef Ackermann (Deutsche Bank) ou Jean-Claude Trichet (ex président de la BCE).

Mais à l’Est aussi, surgissent de nouveaux think-tanks voulant prouver que leurs jeunes entrepreneurs sont tout autant capables de s’inviter au partage de la croissance. Créé à Rhodes en 2010, le Youth Forum, émanation du think-tank Youth Time basé en République tchèque, est l’un d’entre eux. Son objectif, volontiers idéaliste, est «de rapprocher les points de vue de nations émergentes» pour «poser les pierres d’un futur meilleur».

300 jeunes de 70 pays, activistes, écologistes, industriels mais aussi spécialistes des nouvelles technologies se réunissent une fois par an, pour apprendre à se connaître et «créer le monde de leur rêves», aidés en cela par des économistes ou des experts des phénomènes sociétaux. Le tout sous l’aile protectrice du «World Global forum of civilization».

Ce forum qui promeut les valeurs traditionalistes entend «renforcer les échanges culturels sur une base égale», explique celui qui le dirige, Vladimir Yakounine, le président des chemins de fer russes et proche de Vladimir Poutine. «Il est évident, aujourd’hui, que nous ne pouvons pas concevoir de monde unilatéral». Un exemple nourri sur celui de la Russie : «Nous comptons dans notre pays 190 nationalités et 80 confessions différentes cohabitant ensemble, et le seul moyen d’y parvenir consiste à laisser se côtoyer nos histoires et nos traditions sur un pied d’égalité, sans que l’une ne prenne le pas sur l’autre», assure le dirigeant russe.

Un discours qui recueille un fort écho auprès des jeunes activistes issus du monde en développement, qui veulent s’inviter à la table des pays développés. «Le monde bipolaire est fini», a expliqué l’homme d’affaires et responsable politique indien, Sam Pitroda, lors du dernier Youth Forum qui s’est tenu à New Delhi, fin mars. «Le modèle américain basé sur la consommation ne peut convenir aux trois milliards de pauvres qui n’ont accès à rien», a-t-il ajouté. Pour ce dernier, qui pourrait concourir au poste de président de l’Inde, en 2013, «il faut bâtir un nouveau monde, un nouveau modèle, basé sur la connectivité».

Anecdotique, voire idéaliste, vu de France, ces forums de jeunes traduisent, en réalité, un mouvement de fond, en parallèle à l’émergence des Brics, d’où ressort un désir de faire entendre sa voix à l’échelle planétaire, pour les économies en forte croissance. Et lorsque l’on s’étonne de voir pour le moment peu de jeunes européens y participer on répond, du côté du Youth Time, que «le but ultime est évidemment d’attirer davantage de jeunes entrepreneurs occidentaux, pour renforcer le dialogue et les échanges».

Le Figaro